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Todo el mundo lo conoce como “el Chino que trabajó con Darín”, pero Ignacio Huang es muchísimo más que el actor que encarnó a un joven oriental perdido en Buenos Aires. Su vasta trayectoria y su formación académica así lo confirman; hace más de una década que se dedica al teatro, pero no sólo en su rol de actor, sino también como escritor, guionista y director, además de ser el creador de la primera compañía argentina de títeres tradicionales chinos, Hua Guo Shan. Y, como si todo esto fuera poco, también conduce el programa de televisión “Chino Básico”.

 

¿Cómo se te ocurrió montar un espectáculo de títeres al estilo tradicional chino?

La historia comienza cuando desde Taiwán llegaron a Buenos Aires dos empresarios con un container lleno de títeres de decoración. Su intención era comercializarlos acá, el problema era que la gente no los conocía, por eso me contactaron para que yo haga un espectáculo para difundirlos. Yo quería hacer arte y ellos vender, por eso me gustó la idea y acepté. Lógicamente, necesitaba más gente conmigo, por eso convoque a artistas chinos para que aprendan y a partir de allí formar mi propio grupo. No tuve respuesta de parte de ellos, entonces amplié la convocatoria a artistas argentinos, sin saber si les interesaría; afortunadamente asistieron aproximadamente 20 titiriteros profesionales, con ganas de aprender una nueva técnica. Hicimos un taller muy interesante, en el que aprendimos mucho y ellos se entusiasmaron con la cultura oriental. Se recibieron doce, cuatro de ellos pasaron a formar parte de mi grupo, Hua Guo Shan, y así comenzamos a idear la primera obra. El tema es que los ancianos, dueños de los títeres se molestaron porque en el grupo no había chinos, excepto yo, y se fueron con todos los muñecos, nos quedamos sin nada.

¿Cómo resolviste la situación?

Uno de los integrantes del grupo, Ricardo Lista, que es artesano, propuso tallar en madera la cabeza, los pies y las manos y yo confeccione la ropa. Así creamos 17 títeres con los que hicimos Rey Mono Versus Madame Esqueleto, que fue un boom en el ambiente de teatro infantil y que estrenamos en el centro cultural cooperación.

Ya para la segunda obra, Alboroto en el Cielo, que estamos haciendo en este momento, ampliamos la cantidad de títeres; viaje a Taiwán y allí conseguí las cabezas talladas, aunque sin pintura, luego los pinté y confeccione nueva vestimenta con las telas de brocatto oriental que compré allá porque aquí es muy difícil de conseguir, en total hice 25.

Los trajes son realmente muy buenos, llenos de detalles, ¿estudiaste diseño de indumentaria?

No, yo pertenezco a una familia que se dedicó a la industria textil y desde chicos con mi hermana ayudábamos en la tarea. Recuerdo que con ella le hacíamos ropa para sus muñecas y mi papá, y parientes, me retaban porque no era un juego masculino; sin embargo, toda esa práctica me sirvió muchísimo y, actualmente, mi padre está muy orgulloso de mí. Además, hice la carrera de diseño gráfico en la UBA y eso también me facilitó las cosas. Incluso, el año pasado ganamos el Premio Teatros del Mundo que entrega el Centro Cultural Rojas y la UBA,  por la fabricación de títeres; este fue el primer reconocimiento que tuvimos.

¿Quienes integran el actual grupo Hua Guo Shan?

El grupo lo conforman dos titiriteros, Florencia Hardoy y Fernando Suarez; un músico en vivo, Freddy Barco y yo que dentro del retablo soy el asistente de los titiriteros. Además, soy el autor, guionista y director de la obra. Estoy muy orgulloso de lo que hemos conseguido; es  interesante trabajar con artistas occidentales porque ellos imprimen delicadeza en los movimientos de los títeres, el artista chino es más estructurado y no da lugar a la improvisación.

 

¿Por qué crees que en Buenos Aires se hacen muy pocos espectáculos de títeres a nivel teatral?

Porque en realidad en el ambiente del teatro el show de títeres es considerado  arte menor y arte infantil, cosa que no ocurre en oriente. Hace 15 años que soy actor de teatro, los dos últimos comencé con los títeres y descubrí que el público infantil es un espacio muy próspero, no entiendo cómo la mayoría de los actores se dedica exclusivamente a hacer teatro para adultos, siendo que existe una gran demanda de obras para niños. No hay mucha buena oferta y te das cuenta que, a pesar de la difícil situación que el teatro atraviesa en este momento, los padres aprovechan el día del niño, vacaciones de invierno e incluso los fines de semana largo para invertir dinero en el esparcimiento de sus hijos. Muchas veces prefieren dejar de ir ellos al teatro para llevar a los chicos. Los pocos espectáculos teatrales que existen se relacionan con programas de televisión, pero algo original como los títeres chinos o del estilo del teatro negro de Praga no hay.

Por otra parte, hay pocos espacios para hacer este tipo de obras en Buenos Aires, solamente el teatro San Martín, el Centro Cultural Cooperación y Pan y Arte, donde nos estamos presentando con mi grupo Hua Guo Shan.

 

¿Cómo eligen las historias?

Hace dos años que venimos trabajando sobre algunas de las historias relatadas en la novela clásica china “Peregrinación al Oeste”, donde  se narran los acontecimientos ocurridos durante el viaje que emprende el monje taoísta Tang Xuanzang  con el Rey Mono hacia India en busca de los textos sagrados del budismo. El guion de la obra anterior, El Rey Mono vs Madame Esqueleto, se basa en una historia que sale de este libro. Se trata de una historia mitológica, el personaje del mono es muy divertido y se contrapone con el personaje del cerdo Pajay y el monje. Y no me equivoque en la elección, porque resulto muy divertido para el público. Incluso, Gokú , el personaje de Dragon Ball, dibujo animado famosísimo, es precisamente el Rey Mono, ya que en china es muy común que se usen los personajes de la mitología para el anime.

En esta segunda obra, Alboroto en el Cielo, decidí volver a hablar del Rey Mono por varios motivos, uno de ellos es el precedente que había sentado con la anterior; luego  porque estamos en el año del Mono, según el calendario chino. También incluí una historia de amor, se trata de la leyenda que dio origen al día de los enamorados en china (el día 7 del mes 7) para que los grandes también puedan disfrutarlo y para bajar un poco luego de toda la acción desplegada por el mono.  La tercera historia se relaciona con la etnia Dong (una de las 56 que tiene China)  la elegí porque deja una enseñanza de vida muy importante y la conté de una manera muy occidental, es decir, con inicio, desarrollo y desenlace.

¿Dónde nacen los títeres?

Los títeres chinos nacieron, hace aproximadamente 1500 años atrás, en la provincia de Fujian, situada en la costa del Mar de China, muy cerca de la isla de Taiwán, donde también fueron introducidos con gran éxito cuando, por cuestiones políticas, una gran masa de la población china se instaló en la isla, los chinos llegaron a Taiwán llevando sus costumbres y su cultura, y es así como se comenzó a difundir el teatro de títeres. Luego, comenzó una época en la cual ambos países estaban aislados, es decir que de Taiwán no se podía viajar a China y viceversa, por lo cual en cada sitio los títeres tomaron características propias.

 

¿Quiénes  lo convirtieron en arte teatral?

Como arte, surgió a partir de la ópera de Pekín, los actores antiguamente eran juglares que iban de un sitio a otro llevando su espectáculo; ellos no eran considerados miembros ilustres de la sociedad, todo lo contrario, generalmente eran discriminados. No tenían un lugar de privilegio como tienen actualmente los artistas. Entonces, para poder incrementar sus ingresos, crearon pequeños muñecos de 30 cm, con el mismo vestuario, máscaras, repertorio y música que la ópera de Pekín, es decir que era la misma obra pero en miniatura.

 

¿Cuál es la diferencia entre los títeres chinos y los de Taiwán?

En un principio no existían diferencias, pero hoy en día sí. Una de ellas es la forma de manipularlos, en China se emplean las acrobacias, por ejemplo girar platos, palillos, danzan flechas, etc. Además los muñecos se revolean, hacen giros en el aire, se cruzan, las escenas de pelea son muy precisas; en cambio los taiwaneses son más estáticos, aunque tienen mucho más diálogo; nosotros mezclamos ambas técnicas, nos nutrimos de los dos estilos porque nos parece más dinámico.

Por otra parte, cada uno desarrolla la obra en su dialecto, por ende, en Taiwán se utilizaba el taiwanés, aunque algunos también utilizaban el chino mandarín.

 

¿Y entre los chinos y los occidentales?

Una de las diferencias más destacables entre los títeres chinos y los occidentales es que en los primeros, tanto los personajes como los elementos que se utilizan están diseñados a escala real, lo cual le imprime un efecto de verosimilitud. En cambio en los occidentales se exageran los rasgos naturales de, por ejemplo, una persona.

 

¿Existen las escuelas de títeres?

Si bien oriente es la cuna de este arte, no existen escuelas; un chico que quiere aprender va y estudia con un maestro, o de padre a hijo, no existe material escrito todo es en forma verbal, todo debe memorizarse, esa es la tradición con respecto a la formación de este hermoso oficio. Hoy por hoy, el repertorio oral paso a ser guiñado y archivado. En Taiwán hubo un crecimiento más avanzado que implicó algunas modificaciones al títere tradicional que, teóricamente, debe tener 30 cm de alto. Cuando yo era chico, el auge de la televisión -que en ese momento era en blanco y negro- los shows de títeres se transmitían en vivo por la tele, por lo cual debieron modificar la fisonomía de los muñecos y pasaron a tener el doble del tamaño. Esto, por supuesto, obligó a que deban manejarlo entre dos titiriteros; además, se incluyeron efectos especiales, luces, una mayor cantidad de personajes y las historias se contaban en varios capítulos. Esto fue así hasta el año 2000, sin embargo, hoy en día ya no se le da tanta importancia a este arte y son muy pocos los artistas y maestros que se dedican a los títeres. Ellos están protegidos por el gobierno, quien  los contrata para que visiten escuelas y dicten talleres, buscando así incentivar a los más niños a que retomen este antiguo arte. Es triste que a la gente haya dejado de importarle tanto aprender como disfrutar de un espectáculo como este. Para la mayoría de las personas en Taiwán, son simplemente un elemento decorativo, pero, afortunadamente, en las escuelas se intenta rescatar su valor cultural. Según me contaron, en China, en la Universidad de arte, existe una carrera que se relaciona con los títeres, por eso tengo muchas ganas de ir e investigar el tema. En cambio, en occidente sí existen, aunque no de títeres antiguos, por ejemplo en la Universidad de San Martín se puede aprender a hacer y manejar títeres.

 

¿Desde tu lugar estás luchando para que no mueran los títeres?

Sí, creo que realmente estamos salvando a un animal en extinción, a principios de este año viaje a Taiwán y tuve la fortuna de conocer al último gran maestro titiritero taiwanés, quien me regalo un libro precioso y también a uno de sus alumnos. Incluso estoy gestionando que pueda venir con su grupo a Argentina a brindar su espectáculo.

 

¿Estás trabajando en nuevos proyectos?

En primer lugar vamos a seguir con Alboroto en el Cielo en el teatro Pan y Arte los domingos a las 17 h. Luego saldremos de gira, tenemos programado ir a Santa Fe y Rada Tilly, en Comodoro Rivadavia. Ya estuvimos en Chile y en el Sur. Pero también estoy trabajando para lograr mi objetivo que no es sólo traer oriente a occidente, sino también llevar occidente a oriente; mi proyecto futuro es hacer una adaptación de Juan Moreira en Chino y presentarlo en Taiwán. Considero que me toco un rol de “hombre-puente” soy chino de nacimiento, llegue a los 11 años y estudie acá, es decir que en realidad poseo ambas culturas, conozco los pro y los contra de cada una de ellas; la pasión de occidente, la sabiduría de oriente, la poca paciencia de occidente y lo testarudo de oriente. Tengo el privilegio de ser una de las pocas personas que están en este lugar y por eso quiero unir ambos países, desde lo cultural y fraternal. Me considero un embajador cultural y en general me convocan para asesorar en diferentes aspectos.

 

Además de tu trabajo como actor, director y autor son conductor¿cómo llegaste a ser el conductor de Chino Básico?¿estaba en tus planes?

Bueno, yo tengo una relación casi de hermandad con Ana Chen, productora de este programa y directora de Phoenix Dorada Media Company International, por lo cual cuando me lo propuso le dije inmediatamente que si. Además quiero aprovechar la oportunidad para contar que cuando yo empezaba con la primera obra de títeres chinos, la musicalizadora en vivo, una señora que jugaba el rol de mujer orquesta, en un momento determinado ella abandonó la obra y, como los instrumentos eran suyos, estuvimos a punto de suspender todo. En medio de ese problema Ana me proveyó de todo un set de instrumentos de percusión para que pueda continuar.

Además, recuerdo que cuando hice China Pampa, una obra de mi autoría,  vino a visitarme y me dio todas las plantas artificiales que necesitaba para los decorados. Es una mujer increíble, por eso cuando surgió un problema en su programa y se quedo sin conductores, yo no dude en darle una mano, a pesar de no ser locutor ni conductor. Lo hice de una manera intuitiva, con muchas ganas, poniendo lo mejor de mí y creo que nuestro público lo ve y lo aprecia, ya que me ha aceptado inmediatamente. Además, tengo autoridad y herramientas en cuanto al idioma chino, y recordemos que la enseñanza del mismo es el eje central del programa. Mi lugar es desde la humildad, con la mejor buena onda y el deseo de superación.

Yo no soy un chino que vino a Argentina, soy un argentino que sabe mucho de China y me gusta transmitirlo.

 

Teatro:

Pan y Arte Teatro

Boedo 876 CABA

Tel. 4957-6922

Los domingos a las 17 hs.

 

Nota: Estela Gagliardi

 

 

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